Lecciones para olvidar 1.0

No somos más que un reflejo de ese primer momento en que comprendimos que éramos uno en un latir. Seguimos persiguiendo ese pulso en la piel, arañando las capas, profundizando el sentimiento a ver si de nuevo resuenan nuestros átomos, al compás del pálpito de nuestros corazones.

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Canas en el corazón

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Yo, a usted, la conozco

En sus tibios holas

Que relatan una noche pensando en él

Cómo la abrazaba antes de despedirse

Suspirando por el querer que dio en momentos inoportunos

Los apuntes de leyes echados a perder con un corazón encima

Sé que me habla diciéndole a él

Que nunca lo olvidará

En los rezagos de sus manos acariciando por donde transitó

Más, la llanura de sus estremecimientos, otro dueño tendrá

Promete y hay un guiño

Me escoge con su tibio holas

Creyendo que tengo la razón y la lógica

Al amparo de las canas en mi corazón

Protegida estará

Y me cuenta las montañas de dudas

Esperando un nunca le hables

Mis distancias la atraen

Quiere decirme que lo olvida

Que el tiempo es de dos que se entienden

No en Benedetti pero sí en Vallejo, quién sabe y Melgar

Me resisto a esos holas tibios

La vida en fotocopia

Dejavús particulares, de gatos y sus ojos

Los mismos momentos mudos

Aguaitando su teclear

Y perdido al fin

Convencido de la pureza de la nieve

Hasta le creo la llamada con teamos en medio de cervezas

Y me hundo en sus holas tibios

Confesando que abrí la ventana para lanzarme al vacío

Navegando en las promesas que no formuló

Mientras sus apuntes tienen nuevos corazones

Y sus holas tibios alegran otros dedos

Y me convierto en ese

Al que quiso en momentos inoportunos

SN #1

Dime que aún estás allí, esperando a que te llamé, que te busque en las sábanas para declararme fatigado del mundo pero sediento de tu piel, dime que estás, sin miedo, no me creeré nada más cercano que tu fracaso de olvido.

La distancia entre los dos

dos estrellas sellada

Aún recuerdo todo

La explosión, los gritos

La terrible nostalgia por los días de parque

Es difícil ser adulto en un instante

Comprender que tu piel se irá marchitando

Mientras mi amor continuará vivo.

En el horizonte

Si te acercaras a tu ventana

Verías la nube negra que se proyecta en el horizonte, nublando en algo el atardecer

Pero no lo harás, porque me esperas y no sabes.

Aún recuerdo todo

Tus pequeños dedos entre mi cabello

Tus ojos permanentes en mis labios

Es difícil madurar y comprender la textura del tiempo

Intentar sacarle provecho al conocimiento último de no sentirte

Y recordar la semi circunferencia exacta de tu sonrisa.

Si pudieras acercarte a la ventana y verme ascender

Porque allá voy y aún recuerdo todo

No sé por cuanto

Pero allí está: la necesidad de gritarte que te amaré

Porque serás la estrella que me ilumine

Entre la oscuridad que me va consumiendo

Mientras me elevo para ser una luz en el firmamento

Y mi cuerpo se consume en lo último del fuego en aquella calle

De nuestra ciudad, dentro de ese incendio

En el que termino mi viaje por este mundo en medio de las llamas

Intentando asegurarme a mí mismo

Que el amor que siento por ti será tan grande

Como el espacio que media entre dos estrellas en el infinito.

 

 

¿Dónde estamos?

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Fuimos hierba cuando nos juntábamos en el parque para volar muy alto en canastillas de madera y metal, tocando con nuestros pies el sol.

¿Ahora dónde estás?

Fuimos risa en cuadernos con anotaciones en los bordes, en papelitos que pasaban de mano en mano, en caramelos partidos a la mitad.

¿Ahora dónde estás?

Fuimos viento y corrimos entre carpetas y salones, para un beso escondido entre las cercas a la hora de las despedidas que nunca terminaban, entrelazados los dedos en un “te quiero”.

¿Ahora dónde estás?

Fuimos piel entrecerrada, perpetua, luminosa, en cada mañana en que despertábamos pensando en cuanto nos amamos, hablando hasta gastar las palabras del universo.

¿Ahora dónde estás?

Fuimos dolor, cuando las ideas se entrecruzaban en el camino de los sueños, cuando los silencios ahogaban los buenos momentos.

¿Ahora dónde estás?

Fuimos lejanía en cada decisión de arrancarle al destino lo que creímos mejor, dejando de lado los columpios, las tarjetas de San Valentín, los desayunos en la cama.

¿Ahora dónde estás?

Fuimos nostalgia en el correr de dos niños en el parque, destrozando la ilusión de olvidar nuestros labios unidos y respirar el uno sin el otro.

¿Ahora dónde estás?

Fuimos atardecer, mustias las manos de tanto bregar en caminos de desamor, crianza, orgullo, lamentos, esperanza y reposada alegría. Nos anhelamos sin vergüenza y en paz.

¿Ahora dónde estás?

Fuimos lo que somos y no hay más, nuestra historia en la historia del perfecto amor, cuando en la tarde de nuestras vidas volvimos a encontrarnos para despedir un pasado.

¿Ahora dónde estás?

Fuimos y seremos eternidad porque estás aquí, a mi lado, para volar juntos hacia el insondable futuro, libres de cadenas, con el corazón joven de nuevo, como cuando en la hierba del parque supimos que nos amaríamos para siempre y jamás.

FIN

 

 

 

Contrato

Contrato, Ely M. Cateriano
Contrato, imagen de Ely M. Cateriano, derechos reservados

Quiero redactar un contrato contigo

Para que tus ojos miren al infinito sin que tenga que andarles siguiendo la estela

Que especifique el límite de tu corazón y el mío

Para que en mi cama el recuerdo de tu cuerpo sea una añoranza y no un reto

Un contrato que nos exima a los dos del dolor de la partida

Con clausulas que nos limiten el falso control pero que liberen los sentidos

Numerales con los cuales hacerte llegar a lo máximo del paraíso sin necesidad de cobrarte el

infierno

Tener cien horas libres para escoger cuando tocarnos y no un libro de permisos para cuando

sentir placer

Poder redactar en tu piel en el límite de la pertenecía con el de la libertad absoluta

Asombrarme y encantarme cuando me muestres el deseo y no sentir que me lo debes porque a ti

te pertenezco

Quiero redactar un contrato contigo

Para poder ser yo sin parámetros cuando nos veamos y que seas tú sin cadenas cuando te

despidas

Los besos callados, los secretos mejor guardados, las miradas cómplices, el recordar de nuestros

movimientos, todo en una caja sellada para que no escarben los curiosos

Que cada mañana no seas mi primer pensamiento ni yo el tuyo, porque la vida no se

circunscribe en lo que haces ni dónde estás, sino en lo que sientas cuando estemos juntos

Un acuerdo donde el amor no sea el romanticismo de la plebe ni los celos las llamas que

consuman el sentimiento

Un contrato para ser libres, para estar juntos, para recordar por siempre y estremecer al mundo

Y qué si destruyo al mundo

Dibujo de la artista Ely M. Cateriano
Dibujo de la artista Ely M. Cateriano (Derechos reservados)

Y qué si el amor demolió mi vida, si lloré en vano porque dijeras una palabra al teléfono. Nada cambiará el silencio atrás de una mirada de compasión, esas que matan sin razón, solo por no estar en tu corazón un viernes de enero o una mañana de noviembre en que despertaste con ganas de verme y sí estuve ese miércoles de agosto en que me encontraste así, sin fuerzas para decirte que eras mi ilusión y decirte que no había más para ti en mi cascarón vacío.

Y qué si tuve que andar por largos callejones antes de decidirme por tu corazón, qué le importa a la gente si te perdoné una que otra traición, si abolí el castigo por no buscarme cuando el alma se me perdió o las veces que una carta mía terminó en el piso del salón. A nadie le gusta el sabor a la derrota pero en tus labios a veces cambió de color un desmán, una falta de emoción al contestar, un silencio antes de pedir perdón.

Y qué si nadie entiende los bailes en que estuvimos inventando las palabras con los pies, si corrimos hacia el horizonte lanzando piedras en ríos y ventanas de oscuros sujetos que nunca dijeron un hola o un buen día, que les vaya bien. No existió mejor compañera de juegos que tus alas, las que nos elevaban lejos de todos en medio de la lluvia de regaños por ser tan nosotros y menos ellos y sus erradas maneras de interpretar la felicidad.

Y qué si te esperé suplicante después del trabajo, si me enviaste una carta de mil palabras exactas describiéndome la forma de tu corazón, qué si en esa mañana me agarraste el brazo cuando ya había decidido dejarte o la vez que en medio de una película volteaste y me contaste que soñabas que moríamos juntos en alta definición. Para ser retratados con sombras utilizamos la luz que le quedaba al mundo y nunca nos arrepentimos de ello amor.

Y qué si en el mar nos perdimos días enteros dibujando estelas de estrellas que luego los científicos pusieron nombres, olvidando que tú y yo inventamos la ciencia solo para que no sufrieran intentando descubrir el secreto de nuestro amor. Cada noche que pasé lejos de ti, imponiéndome el castigo de no besarte fue el destruir de mundos, el ocaso de dioses y cosmos, de caricaturas de galaxias y espacios ajenos.

Y qué si llevo por estandarte el símbolo de tu poder, de tu estirpe de ángel que mi soledad consumió porque eso siempre fuiste y serás. Con cada encrucijada antes de perder la fe en volverte a ver siento traspasar mi corazón con las agujas del tiempo, sin poder retroceder, antes siquiera de que ocurra el destino, antes siquiera que estalle al revés, sin siquiera poder conjurar a los hados para que nunca me dejes.

Y qué si no despierto ahora que no estás, luego de verte partir, de sentir que descansas alada y libre en el remanso de la muerte, la cual te acoge mientras intento justificarle a los cielos el castigo de estar vivo sin ti, sin tus besos, sin tus caricias, así tan simple, extrañando sin metáforas tus abrazos, tu aliento por la mañana, el café de la tarde con pasteles, los poemas escritos a dos manos, el cine, el amor, la vida y el dolor…