SN #1

Dime que aún estás allí, esperando a que te llamé, que te busque en las sábanas para declararme fatigado del mundo pero sediento de tu piel, dime que estás, sin miedo, no me creeré nada más cercano que tu fracaso de olvido.

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La distancia entre los dos

dos estrellas sellada

Aún recuerdo todo

La explosión, los gritos

La terrible nostalgia por los días de parque

Es difícil ser adulto en un instante

Comprender que tu piel se irá marchitando

Mientras mi amor continuará vivo.

En el horizonte

Si te acercaras a tu ventana

Verías la nube negra que se proyecta en el horizonte, nublando en algo el atardecer

Pero no lo harás, porque me esperas y no sabes.

Aún recuerdo todo

Tus pequeños dedos entre mi cabello

Tus ojos permanentes en mis labios

Es difícil madurar y comprender la textura del tiempo

Intentar sacarle provecho al conocimiento último de no sentirte

Y recordar la semi circunferencia exacta de tu sonrisa.

Si pudieras acercarte a la ventana y verme ascender

Porque allá voy y aún recuerdo todo

No sé por cuanto

Pero allí está: la necesidad de gritarte que te amaré

Porque serás la estrella que me ilumine

Entre la oscuridad que me va consumiendo

Mientras me elevo para ser una luz en el firmamento

Y mi cuerpo se consume en lo último del fuego en aquella calle

De nuestra ciudad, dentro de ese incendio

En el que termino mi viaje por este mundo en medio de las llamas

Intentando asegurarme a mí mismo

Que el amor que siento por ti será tan grande

Como el espacio que media entre dos estrellas en el infinito.

 

 

¿Dónde estamos?

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Fuimos hierba cuando nos juntábamos en el parque para volar muy alto en canastillas de madera y metal, tocando con nuestros pies el sol.

¿Ahora dónde estás?

Fuimos risa en cuadernos con anotaciones en los bordes, en papelitos que pasaban de mano en mano, en caramelos partidos a la mitad.

¿Ahora dónde estás?

Fuimos viento y corrimos entre carpetas y salones, para un beso escondido entre las cercas a la hora de las despedidas que nunca terminaban, entrelazados los dedos en un “te quiero”.

¿Ahora dónde estás?

Fuimos piel entrecerrada, perpetua, luminosa, en cada mañana en que despertábamos pensando en cuanto nos amamos, hablando hasta gastar las palabras del universo.

¿Ahora dónde estás?

Fuimos dolor, cuando las ideas se entrecruzaban en el camino de los sueños, cuando los silencios ahogaban los buenos momentos.

¿Ahora dónde estás?

Fuimos lejanía en cada decisión de arrancarle al destino lo que creímos mejor, dejando de lado los columpios, las tarjetas de San Valentín, los desayunos en la cama.

¿Ahora dónde estás?

Fuimos nostalgia en el correr de dos niños en el parque, destrozando la ilusión de olvidar nuestros labios unidos y respirar el uno sin el otro.

¿Ahora dónde estás?

Fuimos atardecer, mustias las manos de tanto bregar en caminos de desamor, crianza, orgullo, lamentos, esperanza y reposada alegría. Nos anhelamos sin vergüenza y en paz.

¿Ahora dónde estás?

Fuimos lo que somos y no hay más, nuestra historia en la historia del perfecto amor, cuando en la tarde de nuestras vidas volvimos a encontrarnos para despedir un pasado.

¿Ahora dónde estás?

Fuimos y seremos eternidad porque estás aquí, a mi lado, para volar juntos hacia el insondable futuro, libres de cadenas, con el corazón joven de nuevo, como cuando en la hierba del parque supimos que nos amaríamos para siempre y jamás.

FIN

 

 

 

Contrato

Contrato, Ely M. Cateriano
Contrato, imagen de Ely M. Cateriano, derechos reservados

Quiero redactar un contrato contigo

Para que tus ojos miren al infinito sin que tenga que andarles siguiendo la estela

Que especifique el límite de tu corazón y el mío

Para que en mi cama el recuerdo de tu cuerpo sea una añoranza y no un reto

Un contrato que nos exima a los dos del dolor de la partida

Con clausulas que nos limiten el falso control pero que liberen los sentidos

Numerales con los cuales hacerte llegar a lo máximo del paraíso sin necesidad de cobrarte el

infierno

Tener cien horas libres para escoger cuando tocarnos y no un libro de permisos para cuando

sentir placer

Poder redactar en tu piel en el límite de la pertenecía con el de la libertad absoluta

Asombrarme y encantarme cuando me muestres el deseo y no sentir que me lo debes porque a ti

te pertenezco

Quiero redactar un contrato contigo

Para poder ser yo sin parámetros cuando nos veamos y que seas tú sin cadenas cuando te

despidas

Los besos callados, los secretos mejor guardados, las miradas cómplices, el recordar de nuestros

movimientos, todo en una caja sellada para que no escarben los curiosos

Que cada mañana no seas mi primer pensamiento ni yo el tuyo, porque la vida no se

circunscribe en lo que haces ni dónde estás, sino en lo que sientas cuando estemos juntos

Un acuerdo donde el amor no sea el romanticismo de la plebe ni los celos las llamas que

consuman el sentimiento

Un contrato para ser libres, para estar juntos, para recordar por siempre y estremecer al mundo

Y qué si destruyo al mundo

Dibujo de la artista Ely M. Cateriano
Dibujo de la artista Ely M. Cateriano (Derechos reservados)

Y qué si el amor demolió mi vida, si lloré en vano porque dijeras una palabra al teléfono. Nada cambiará el silencio atrás de una mirada de compasión, esas que matan sin razón, solo por no estar en tu corazón un viernes de enero o una mañana de noviembre en que despertaste con ganas de verme y sí estuve ese miércoles de agosto en que me encontraste así, sin fuerzas para decirte que eras mi ilusión y decirte que no había más para ti en mi cascarón vacío.

Y qué si tuve que andar por largos callejones antes de decidirme por tu corazón, qué le importa a la gente si te perdoné una que otra traición, si abolí el castigo por no buscarme cuando el alma se me perdió o las veces que una carta mía terminó en el piso del salón. A nadie le gusta el sabor a la derrota pero en tus labios a veces cambió de color un desmán, una falta de emoción al contestar, un silencio antes de pedir perdón.

Y qué si nadie entiende los bailes en que estuvimos inventando las palabras con los pies, si corrimos hacia el horizonte lanzando piedras en ríos y ventanas de oscuros sujetos que nunca dijeron un hola o un buen día, que les vaya bien. No existió mejor compañera de juegos que tus alas, las que nos elevaban lejos de todos en medio de la lluvia de regaños por ser tan nosotros y menos ellos y sus erradas maneras de interpretar la felicidad.

Y qué si te esperé suplicante después del trabajo, si me enviaste una carta de mil palabras exactas describiéndome la forma de tu corazón, qué si en esa mañana me agarraste el brazo cuando ya había decidido dejarte o la vez que en medio de una película volteaste y me contaste que soñabas que moríamos juntos en alta definición. Para ser retratados con sombras utilizamos la luz que le quedaba al mundo y nunca nos arrepentimos de ello amor.

Y qué si en el mar nos perdimos días enteros dibujando estelas de estrellas que luego los científicos pusieron nombres, olvidando que tú y yo inventamos la ciencia solo para que no sufrieran intentando descubrir el secreto de nuestro amor. Cada noche que pasé lejos de ti, imponiéndome el castigo de no besarte fue el destruir de mundos, el ocaso de dioses y cosmos, de caricaturas de galaxias y espacios ajenos.

Y qué si llevo por estandarte el símbolo de tu poder, de tu estirpe de ángel que mi soledad consumió porque eso siempre fuiste y serás. Con cada encrucijada antes de perder la fe en volverte a ver siento traspasar mi corazón con las agujas del tiempo, sin poder retroceder, antes siquiera de que ocurra el destino, antes siquiera que estalle al revés, sin siquiera poder conjurar a los hados para que nunca me dejes.

Y qué si no despierto ahora que no estás, luego de verte partir, de sentir que descansas alada y libre en el remanso de la muerte, la cual te acoge mientras intento justificarle a los cielos el castigo de estar vivo sin ti, sin tus besos, sin tus caricias, así tan simple, extrañando sin metáforas tus abrazos, tu aliento por la mañana, el café de la tarde con pasteles, los poemas escritos a dos manos, el cine, el amor, la vida y el dolor…

 

 

 

 

 

Primer libro en papel del autor

Primer libro en papel del autor.

vía Primer libro en papel del autor.

Los esclavos

angel_negroTenía cuatro años cuando los vi llegar

Arrastrando las cadenas negras de barro

Al atardecer de un lunes en que el barco atracó temprano

Ellos eran los que construirían el tren

Los que venderían charangos de caparazón de puercoespín

Los que comerían esos frijoles renegros de grasa

Con los que jugaría a las escondidas en la niebla del verano

Con sus canciones de pura garganta

Las palmas blancas y color de la aceituna el envés

Algunas veces me cuidaron

Otras veces me salvaron

Siempre el látigo acariciando su espalda

La comida como el descanso y el dormir en tierra para los gusanos

Fueron miles o cien miles

Fueron como dicen Otis Taylor de repente diez millones

Pero se repitieron a lo largo de mi mundo

Ensuciando con su sangre extranjera la paz de las conciencias

Con sus ojos suplicantes lamiendo la libertad al filo de la muerte

Fueron unos cuantos o miles de millones

Los que alimentan los océanos y los fondos de las minas

En tierras donde nunca podrán llegar sus dioses

Sus hijos se asientan en los mismos bancos de huesos de sus antepasados

Los caminos por los cuales dejaron los pulmones

En tierras altas o extravagantes

Se levantan sus trofeos de hombres libres

Que solo saben de eternidad y esperanza

Arrebatada cuando del vientre salieron

No importan como llegaron,

Si con las cadenas al cuello o en los bajos fondos

Cortados de tajo para que nunca descendieran en una mujer

Pero por alguna razón

Sin nombre aún que yo recuerde

Los tengo presentes en su caminar cansino

En los juegos que planteamos al atardecer

Cuando ni ellos ni yo éramos esclavos

Éramos solo gente sonriendo al cielo y en paz.