
Me mentiste tanto y por última vez
¿Cuándo decidiste que sería la víctima de tu mentira
sistemática que lograría arrancarte del pecho el hecho
que recordabas la piel de otro en medio de las
lágrimas que fingías al llegar en mis brazos
y desbordarte de halagos hermosos y ajenos
que desearías decírselos a aquel que aún dominaba
tus sentidos, tu respiración, la culpa tuya de quererme
lo insuficiente para decirme la verdad de tu mirada
y si de confiarme el dolor que sentía en partes
divididas por sus errores y nunca confesarme que
adorabas que te humillara, que te tratara como
el objeto que siempre quisiste ser y que ahora
no intentas más conmigo buscando una libertad
que no quieres, porque a pesar de ofrecerte
la pureza de un amor de olvido y recomienzo
te aferrabas a recordar ese dolorcillo delicioso
que te causaba ser el estropajo de su amor
de media hora desvestidos en una sala que
se convertía en tu pecado originalmente deseado
desde que sufrías de letargos en las madrugadas
del encierro voluntario en la casa del que te Creó
y que te eligió, pues huiste de allí con la humanidad
por delante y el deseo por detrás con las ganas
de que alguien martirice tus piernas, haga moretones
con tus senos y despierte el clímax al cual nunca
llegaste porque no quisiste y, cuando lo encontraste
en mi piel no te bastó para olvidar que no importaba
una vida llena de frustración entre sábanas si él lograba
duplicarte la seguridad de que alguien siempre,
eternamente y sin límites decidiera por ti y despreciaste
con mentiras y mentiras la fortaleza, el consuelo,
la ternura que mi corazón abrigaba cada vez que te
sentía sufrir por algo que yo quería curarte y que al final
me frustró en la manera más profunda de seguir
creyendo que quién me ama no logró corresponder
y a quien elijo para entregar mi corazón se escapa por
la puerta trasera de decir que exijo más allá de la
carne y en espíritu y te respondo que sí
¡maldita sea mi estampa!
quiero una mujer de verdad que camine a mi lado,
escuche mi voz entre penumbras y tiemble de amor
y deseo, que me escuche cuando le canto al oído
todas esas canciones que escuché a lo largo de esta vida
carretera que me manejo, y que cada vez que las oí
eran dedicadas a ella sin conocerla, quiero amanecer
nuevamente amando a una mujer sin penetrarla
y solo abrazados en la obscuridad de besos lentos
que me demuestren que el tiempo no existe para
ambos cuando estamos juntos, quiero que el mar se
funda con la lava y que el viento remolinee con el fuego
y llueva en algún lugar del olvido que me hizo de nuevo
intentar sacar lo mejor de mi corazón para verlo destruido
siempre y jamás por ti, POR TI a quien aconsejé nunca
contar con el pasado como referente y si con el presente
que se te ofrecía responsablemente y tu mil veces
nuevamente preferiste la facilidad de siempre sentirte
en culpa para poder seguir en la mediocridad de quien
no quiere salir del obscuro sentimiento de felicidad
mórbida de saberse dañada en el sentimiento profundo
de ser mujer para convertirte, sin más presiones en eso
que siempre te desearon tus enemigos y que más
temieron aquellos que te aman sinceramente y pues
qué puedo hacer “Martirio de la Montaña” y el “abuelito
dime tú” con esa canción infantil que por siempre me
recordará tu nombre y quiera que lo separe de mi
organismo algún día y pueda de nuevo ilusionarme
con caminar esperanzado por la calle de mi ciudad fósil y
encontrarla a ella, a esa que me deseas que encuentre
para darle el amor que despreciaste por mentirte a ti
misma y a mi principalmente haciéndome creer
en el amor de tu corazón cuando ya estaba ocupado por otro?
Que seas feliz en tu mentira que yo lo seré en mi verdad.
agosto 18, 2009
Categorías: General . Etiquetas:Amor Destrozado, Corazón, Destrozado, Mentira, Otra Vez Me Equivoqué por la gran, Pesadilla, Poema, Poesía, Soleda, Verso . Autor: Sarko Medina . Comentarios: 2 comentarios